Cada año, con la llegada del calor, Galicia se enfrenta a su enemigo más temido: los incendios forestales. Una comunidad que alberga una de las masas forestales más importantes de Europa ve cómo miles de hectáreas son devoradas por las llamas, dejando tras de sí un rastro de destrucción ecológica, económica y emocional.
Las causas profundas
Los expertos coinciden en que detrás de los incendios forestales gallegos hay causas que van más allá de la meteorología. El abandono rural, la falta de gestión forestal, la proliferación de monocultivos de eucalipto y las prácticas de quema descontrolada conforman un cóctel explosivo que se repite temporada tras temporada.
La despoblación del medio rural ha dejado amplias zonas sin los cuidados tradicionales que durante siglos mantuvieron los montes limpios y gestionados. Sin presencia humana que mantenga cortafuegos naturales y controle la vegetación, los bosques se convierten en polvorines a la espera de una chispa.
La respuesta comunitaria
Frente a esta realidad, numerosas comunidades gallegas han decidido tomar la iniciativa. Brigadas vecinales de prevención, jornadas de limpieza forestal y proyectos de reforestación con especies autóctonas son algunas de las acciones que los propios vecinos organizan para proteger su entorno.
El monte es nuestro, y somos nosotros quienes debemos cuidarlo. No podemos esperar a que venga alguien de fuera a decirnos cómo hacerlo.
Propuestas para el futuro
Los investigadores forestales proponen un cambio de paradigma que pase de la extinción a la prevención. Esto implica inversión en gestión forestal sostenible, promoción de la ganadería extensiva como herramienta de limpieza natural del monte, diversificación de las masas forestales y creación de empleo verde que fije población en el medio rural.
La lucha contra los incendios en Galicia es, en el fondo, una lucha por el futuro del territorio. Un futuro que solo será posible si se aborda el problema desde sus raíces y se involucra a toda la sociedad en la solución.